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Corrupción y poder

Tengo amigos que gustan hablar de política nacional e internacional; son consumidores de noticiarios de radio y TV; no se pierden las páginas de opinión de algunos diarios, inclusive de aquellos captados por el poder. Ellos saben que la libertad de prensa y de opinión son oxígeno y garantía insustituibles de toda democracia.

Cuando los amigos hablan de política gustan referirse a lo que mejor conocen: Venezuela, Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Nicaragua o Ecuador, naciones dignas de mejor suerte, porque siempre sueñan con un mundo mejor sin valorar que, lo peor de ese mundo, es parte de su equipaje personal: su credulidad infantil, su carencia de responsabilidad comunitaria y la falta de un fuerte compromiso social para exigir ser tratados de manera adecuada y democrática. Cuando avancen los años y lo tangible de lo realizado en la ‘década ganada’ contraste con la volatilidad de sus sueños, entonces se entenderán muchas cosas, como estas –harinas de mi costal– que las comparto como insumo para analizar interrogantes y vislumbrar respuestas.

-La ‘década ganada’, convertida en dogma y como tal publicitada, urbi et orbe, requiere de un posesionario: ¿ganada para quién o quiénes? Se inventan aciertos, se los difunde como tales, sin haber pasado por la indispensable criba de la opinión ciudadana. Se crean realidades. Las esperanzas se transforman en conquistas. Se maquilla una y otra vez el rostro de un Estado que ya perdió la cara de tanto maquillaje. Goebbels es un enano frente a los gurús del moderno Estado de propaganda, implantado en Ecuador para publicitar utopías, soslayar trapacerías y difundir, también, aciertos y conquistas.

-¿Cómo permitimos que quienes dirigen el proceso electoral sean miembros incondicionales de un equipo de gobierno donde se dice y hace nada más y nada menos que aquello que sus jerarcas lo disponen?

-¿Cómo toleramos la irresponsable mediocridad de la Contraloría del Estado, incapacitada para poner las tildes, ab initio, donde estas deben ir?

-¿Cómo aceptar que el manejo de los fondos destinados a remediar las consecuencias del terremoto del 16 de abril pueda servir, en parte, para cumplir obligaciones rezagadas? ¿Por qué no se aceptó la creación de un fideicomiso? Si bien –así lo espero– no se trata de una apropiación indebida, sí del uso abusivo de bienes destinados a otros fines.

-¿Por qué buscar financiamiento para la Refinería del Pacífico, en las postrimerías de un mandato, cuando nada se hizo ni se hace para certificar que dicho proyecto es aún bondadoso y factible? ¿La irresponsabilidad en no haber realizado este ‘proyecto emblemático’ durante ocho años debe ahora juntarse a la premura por entregar a dedo un contrato altamente cuestionable y oneroso? ¿De qué capacidad moral dispone la ‘década ganada’ para celebrar tales contratos?

-Realizar una Consulta Popular, promovida por el Gobierno, el día de elecciones presidenciales, ¿no es acaso una treta inmoral y descarada para inmiscuirse en el debate electoral, con todas las canonjías del poder?

“El suplicio más horroroso que puede soportar un verdadero patriota en la vida es el ver a su patria escarnecida y vilipendiada por falsos redentores y no poderla salvar”. Gral. Eloy Alfaro.(O)