Close

Estilos de vida…

Existen dos estilos de vida racional, antagónicos, ubicados en orillas distantes. El primero consiste en preocuparse por todo lo que sucede, tratar de entender acontecimientos, aportar soluciones, salir de dudas, reflexionar. Al segundo grupo le importa un bledo lo que suceda porque no alcanza a ver más allá de su propio ego, de sus necesidades e intereses domésticos. Nada le interesa, porque todo desconoce. ¿Cuántos militan en el primer grupo y cuántos en el segundo? Preguntémonos, amables lectores. Deshilemos la madeja.

Me confieso alineado en el primer grupo. Mi manera de entender el civismo es enfermiza. Gano horas a la madrugada para incursionar en los principales diarios del Ecuador y del mundo a fin de que al despertar sepa yo en qué mundo me toca vivir las siguientes horas. Desde un lustro acá reviso diariamente las páginas mortuorias, elevo una plegaria por aquellos apenas idos, con quienes algo tuve que ver, y me siento feliz porque mi nombre no está aún en la lista; entonces, río un momento con Mafalda y Condorito; solo entonces tengo la sensación de estar ya bien apertrechado para el nuevo día. Este soy yo, así devine, nadie me inventó. Cargo a cuestas un fardo de sensaciones placenteras y siento también el peso de alforjas ajenas. Pero, vivo, estoy feliz, cargo a sabiendas con el peso de saber, lo acepto. Me importa el devenir porque a más de ser su testigo, me siento parte de él.

Visitemos la orilla opuesta. Acá lo que pase en la política interna del país importa un bledo; y la corrupción, un comino. No se pierde la cabeza por la presencia en la vida de un comino o de un bledo porque al ser tan pequeños e insignificantes nadie, en sano juicio, puede sentirse mal. El tema tiene muchas aristas, busquemos adentrarnos en él.

Pienso que es deber ciudadano estar informados sobre la situación del país, las próximas elecciones, las obras del régimen, las nuevas leyes, la actuación de la Asamblea Nacional, los nuevos planes y programas, la corrupción, la justicia y un largo etcétera. Si bien es comprensible que en reuniones sociales o familiares no se discuta sobre estos temas, esto no nos releva de la obligación moral y cívica de hacernos de criterios propios al respecto. Debe importarnos tanto la suerte del país, como nos importa estar bien con familiares y amigos. Es imperioso evitar que vayamos hacia un desfiladero en extremo riesgoso porque un país sin ciudadanos informados y responsables es una nave al garete. ¿Cómo puede una persona responsable, dar el voto a favor o en contra de algo o de alguien, si no está debidamente informada sobre el acontecer nacional? Las elecciones son nuestro examen cívico: no pasamos de año, desde hace un buen rato.

¿Volver a nacer? Imposible. Sí es posible, además de urgente, convencernos de que Ecuador necesita que sus hijos se interesen de su suerte, que conozcan su realidad y que procedan de manera responsable en sus decisiones. Es nuestra obligación construir una sociedad que no viva de espaldas al devenir del Ecuador. (O)