Close

¿Naturalizado o desnaturalizado?

Me cupo el honor, hace catorce años, de ser cofundador de Ecomundo Centro de Estudios. Ha corrido mucha agua por debajo del puente desde entonces. Algunos hechos empiezan a desdibujarse en mi memoria. Acaba de graduarse este año un grupo de estudiantes, auténticos fundadores. Llegaron para quedarse. Recuerdo bien, ¡imposible olvidarlo!, el lema o consigna de la institución: ‘Formamos ciudadanos del mundo’. No era una frase pintoresca que buscaba impactar. No, amigas y amigos. La frase pretendió, y pretende, condensar en pocas palabras un anhelo institucional, un propósito comunitario, una meta estudiantil. Era el 2002. Teníamos un nuevo milenio recién estrenado. El universo había achicado sus distancias. En este contexto, la filosofía que justificaba ‘ciudadanos del mundo’ tenía sentido porque estábamos dejando de ser solamente ciudadanos de un país para ser ciudadanos de la gran aldea global, meta que conllevaba una serie de acciones necesarias para hacerla realidad. Esta mentalidad de gente sin fronteras había madurado en las postrimerías del siglo XX.

¿Por qué o para qué este largo exordio? Intento esbozar algunos conceptos e inquietudes sobre los ecuatorianos por ‘nacimiento’ y por ‘naturalización’. Parto del nombramiento de Guillaume Long –a quien no conozco personalmente– como ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país. Long, 39 años, nacido en Francia, de ascendencia inglesa, tiene un Ph.D., una maestría, un bachelor, además, algunos años de presencia activa en la política ecuatoriana. Long no nació en Ecuador. Sus padres no son ecuatorianos. Él es ecuatoriano por naturalización, es decir, luego de haber nacido y vivido en otro país, un momento dado él decide hacerse ecuatoriano. Luego de los trámites respectivos, así lo entiendo, él recibe la aceptación del Estado ecuatoriano para que sea considerado un ecuatoriano más. ¿Es justo que un ciudadano no nacido en Ecuador maneje sus relaciones exteriores? He leído criterios que impugnan el nombramiento y dan sus razones al hacerlo. Examinemos algunas aristas de este caso, creo, insólito.

1. El solo hecho de haber nacido en un país no es garantía suficiente para afirmar que se es un buen ciudadano. Los ecuatorianos traficantes de droga, los repartidores de coimas, los ladrones, los irresponsables, los mentirosos, los políticos corruptos, los prófugos de la justicia, etcétera, no son buenos ecuatorianos, pero siguen siendo ecuatorianos, por nacimiento.

2. Una persona que adopta la nacionalidad ecuatoriana en temprana o madura edad, no por esto es una buena o mala persona. Importa sí que haya jurado defender nuestra Constitución y respetar las tradiciones, símbolos y valores patrios. Si G. Long cumple con estos requisitos, pues bienvenido a formar parte de una historia en construcción. Su vida lo dirá.

3. Un académico historiador y político posee una base suficiente para representarnos. Importa mucho que como ecuatoriano naturalizado tenga la visión completa del Ecuador de ayer y hoy. Papel de un canciller no es el de repartir sonrisas y difundir consignas. Un canciller es un ciudadano del mundo que enlaza nuestro destino con los más caros anhelos de la humanidad.

“Mil veces preferible un ecuatoriano naturalizado que un ecuatoriano desnaturalizado”, sabiduría popular. (O)