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Al toro, por los cuernos

‘Tomar al toro por los cuernos’ es una popular expresión que hace referencia a enfrentarse a una situación complicada con decisión y de forma inmediata, asumiendo las consecuencias que la misma pueda conllevar’. Quienes alguna vez estuvimos frente a un astado, por pequeño o joven que haya sido, sabemos lo difícil que es agarrar los dos cuernos de un becerro, resistir su empuje y lograr virar el pescuezo del animal hasta doblegarlo y echarlo a tierra; se trata de una acción que requiere de coraje, valentía, buen físico y, sobre todo, decisión.

Mi columna, en esta mañana, se ocupa de un tema sobre el cual escribí hace unas semanas: la eliminación del CPCCS. No me atreví entonces a enviarlo a la Redacción de EL UNIVERSO. Me pareció atrevido, inaudito hasta esos días, inquietante. Desde la semana anterior este tema ha despertado interés, aplausos y críticas. El CPC transitorio ha tomado esta tarea, con énfasis y urgencia. En consecuencia, con mayor libertad y tranquilidad, esbozo algunos criterios dejando en claro que no soy jurista sino un patriota perdido en las páginas de una Constitución vigente, especialmente diseñada para mantener un caos organizado, dentro de una aparente armonización de conceptos y veleidades sociales, todo al mando de un dictador disfrazado de demócrata. La novelería invadió Montecristi, en ese entonces, y se dio paso a un cuerpo legal, en parte, causante del estado de postración y corrupción al que hemos llegado.

Al grano, entonces. En ese artículo no publicado yo proponía la eliminación del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social por haber demostrado que no ejerció control social alguno, peor aún, no propició la participación de la ciudadanía. El CPCCS, durante el régimen del presidente RCD, demostró ser una institución dócil y servicial a los intereses políticos del momento, alejado totalmente de las responsabilidades que debía cumplir acorde con los artículos 207 y 208 de la Constitución que lo creó.

‘Al toro, por los cuernos’. El CPC transitorio gasta muchas horas juzgando el cuestionado accionar de los elegidos por el CPCCS para diversas funciones; las conclusiones son evidentes y lastimeras. Incluso, se busca un blindaje para esas decisiones, para asegurar su durabilidad en el tiempo. Entonces, en sana lógica, si los hijos son destituidos por ineptos o corruptos, la madre que los engendró resulta ser la culpable; la procreadora debe ser sancionada, debe desaparecer, es decir, el CPCCS está por demás.

Juristas a quienes respeto, entre ellos algunos cercanos a medios de comunicación social, han manifestado que si de veras se quiere ‘tomar al toro por los cuernos’, es indispensable convocar a una Asamblea Constituyente para un ‘borra y va de nuevo’. Si la serpiente lleva el veneno en sus colmillos, nadie estará tranquilo antes de que se mate al ofidio, no es suficiente retirar el veneno de dichos colmillos.

La consulta popular que se prepara debe proponer enmiendas urgentes a la Constitución mientras se decida convocar a una Asamblea Constituyente para redactar una Carta Magna digna de un Estado de derecho, alejada de frondosidades literarias y de ambigüedades maliciosas y funestas. (O)