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¿Cambió Ecuador?

Estamos en Cuaresma. Quien más, quien menos, en estas semanas examina su conciencia con una positiva predisposición para cambiar comportamientos negativos. Algunos recibiremos hoy la ceniza, en forma de cruz, sobre las frentes y escucharemos aquella admonición: ‘Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás’. Los jóvenes y adolescentes creen que la muerte no es para ellos; los que pasaron hace poco la barrera de los cincuenta, esporádicamente, piensan en el binomio vida-muerte; los que estamos más allá de los ochenta, la enfrentamos a diario, buscamos espantarla; en ocasiones conversamos con ella; no somos amigos, la toleramos.

La Cuaresma crea un ambiente propicio para la reflexión; es una época en la que no caben mentiras, infundios ni cantos de sirena. Si el Ecuador cambió o no, lo dirán ustedes, no yo. Mi contribución a esta reflexión, en grupo, es presentar algunos elementos que debieron apuntalar el cambio.

Evitemos un sofisma. Si me preguntan si en la última década Ecuador cambió, contesto que sí. Cuidado con la palabra ‘cambio’, porque luego de diez años, es verdad que tenemos otra edad, quizá otro trabajo, un nuevo título, un matrimonio, separaciones, defunciones, viajes, erupciones de volcanes, construcciones, etcétera. La naturaleza misma cambia todos los días. Imposible detener el universo para afirmar que nada cambia. Hoy no reflexionamos sobre estos cambios. Nos interesan otros cambios de la sociedad ecuatoriana, su crecimiento, su educación, su vida política, su democracia, su justicia, sus relaciones internacionales, etcétera. No caigamos en la trampa, amigas y amigos. Que el Ecuador del 2016 no es el mismo del 2006, es verdad. ¿Cuáles fueron los cambios? ¿En qué cambió Ecuador? That is the question. Intentemos un somero análisis.

-¿Existe una patria nueva? La patria tiene su historia, su génesis, su devenir. La patria es ‘de siempre y para siempre’. Proclamar la creación de una patria nueva –no importa quien lo haga– es delirio, osadía, ofensa a la razón. La patria se construye todos los días. Ecuador es añejo, nace en un ayer muy distante.

-La unidad es un bien que todo hogar y todo gobierno responsable debe fomentar, creando lazos que aglutinen a los diversos componentes de la sociedad. Dividir para reinar, crear espacios que acogen a los buenos y los separan de ‘los malos’, es sembrar la cizaña que destruye la paz, la comunidad, la misma sociedad.

-Los derechos humanos no se escribieron para ser recitados, son exigencias de supervivencia. No existen derechos humanos para este Gobierno y otros para un gobierno diferente. Los derechos humanos son de todos, nos pertenecen porque somos seres humanos.

-Las obras materiales, máxime cuando hay dinero, no son dádivas ni regalías de un determinado movimiento político; son obligaciones de un gobierno.

-Antes de enero del 2017 ‘las mentes lúcidas, los corazones ardientes y las manos limpias’ deben abrir sus archivos para que la sociedad ingrese a ellos y confirme si el eslogan correspondió o no a la verdad. (Continuará).

“El Ecuador democrático, capaz de dar lecciones históricas de humanismo, trabajo y libertad. Este Ecuador amazónico, desde siempre y hasta siempre. ¡Viva la Patria!”, Jaime Roldós A. (O)