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¿Ecuador avanza?

Con el verbo ‘avanzar’, en Ecuador, se crearon eslóganes, inclusive un partido político. La publicidad del IESS se usó para crear, solapada y fraudulentamente, anticipos de Avanza, a vista y beneplácito del régimen fenecido, uno de tantos sucios ardides. Pero este no es el asunto. Lo que me pregunto es si ‘Ecuador avanza’. ¿O quizá retrocedemo s?

Hoy podemos apreciar una tendencia que empieza a profundizar sus raíces, peligrosamente: desmitificar un pasado, hasta hace no mucho pacífico, para reemplazarlo con nuevas concepciones originadas en ideologías ampliamente difundidas pero carentes de basamentos conceptuales. ¿Lo nuevo por ser nuevo debe abrirse paso destruyendo certezas defendidas por centurias, sin esgrimir razones valederas?

El texto entre comillas, a continuación, circula estos días en las redes sociales; lo transcribo. “Cuando nací la homosexualidad estaba prohibida, luego era aceptada pero escondida, luego aceptada y abierta. Hoy ni se te ocurra hablar mal de ella. Solo espero morir antes de que sea obligatoria”. El texto es claro, el estilo muy directo. No se trata de errores de redacción. Se trata de universos desconocidos, de canales nuevos, de mundos conceptuales sorprendentes y de conductas que irrumpen desquiciando viejos esquemas y creencias.

Lo viejo que se vuelve caduco por inconsistencias intrínsecas debe desaparecer, es ley de la vida, porque esta se construye con hallazgos innovadores que robustecen la cepa perfilada siempre a un desarrollo ulterior sostenible en el tiempo. Los altos y bajos, en la historia de la humanidad, no son excepción: fueron y son criba indispensable de superación y progreso.

En los párrafos siguientes conversaré con quienes tienen treinta años menos que yo, en los linderos de los cincuenta. Hago esta aclaración para evitar reclamos de gente que ha creado nuevos conceptos, nuevos términos y nuevos clanes totalmente ajenos a mi vida, sana y ‘beatíficamente’ vivida. Que mis amables contertulios de los miércoles me inquieten con sus preguntas, están en su derecho; no quienes ya no perciben malestar alguno frente a marasmos tendenciosa o ingenuamente por ellos creados.

Alguna vez tuve que ver con orientación existencial a niños, adolescentes y jóvenes. En esos tiempos charlábamos sobre la creación, discurríamos sobre pasajes bíblicos, el sexo era una de las creaciones magistrales de Dios y luego la familia, las relaciones sexuales, los hijos, los hermanos, el respeto, la decencia y tantos temas más que surgían de preguntas e inquietudes propias de seres en crecimiento.

Hoy por hoy tenemos un sexo biológico y un género en construcción de suerte que mañana puedo dejar de ser lo que fui, el que nació. Los transgéneros tienen patente de corso y en cascada derrumban viejos pilares de la supervivencia humana. Los nacidos al margen de herencias ancestrales pasean hoy por plazas y teatros su disconformidad con un mundo tambaleante.

¿Incesto? Desazón, desconcierto. Google registra su aprobación en varios países, son páginas de una historia que empezamos a escribirla. Amor entre hermanos, relaciones sexuales a discreción entre padres e hijos sin derecho a casarse y otras novedades. ¿El mundo patas arriba? ¿Lo normal camino a una anormalidad galopante? Sodoma y Gomorra: ¿una ficción?

‘O tempora, o mores’, Cicerón.