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GOBIERNO Y OPOSICIÓN

Siempre se estilaba que, el presidente de la República auspiciado por un partido político, al asumir las funciones era relevado de la disciplina partidista, para poder gobernar sin ataduras, sesgos ideológicos, intereses y compromisos de partido o grupos políticos, individuales o corporativos.

En la década pasada no se cumplió con la norma no escrita y se aglutinó en una sola persona el poder de todas las funciones del Estado e instituciones de control, incluyendo las Fuerzas Armadas, convirtiendo la democracia en un gobierno totalitario, que no admitía ni permitiría los pesos y contra pesos de la democracia, sosteniendo que la teoría de la división de poderes de Montesquieu y John Locke, era anticuada y sin valor; fundamento de las ideologías y regímenes estatizantes sin restricciones ni divisiones, convertidos en dictaduras absolutistas que con remedo de democracia, restringen el derecho y libertades.

Durante los diez años del correato, si bien existió una insipiente y valiente oposición, ésta fue apabullantemente acallada por el gobierno de turno, al punto que se sostuvo que no había oposición.

Con el necesario cambio de gobierno, el presidente Lenín Moreno ha convocado a un diálogo y concertación nacional, para reunificar el país y luchar contra la corrupción, lo cual no ha sido bien visto por la agrupación política que auspició su candidatura, ya sea por el deseo de seguir manipulando el poder en forma omnímoda o para ocultar errores, deslices o irregularidades del pasado. Al punto que partidarios de Alianza País, que no comprenden ni conciben la división y respeto de los poderes, ahora se convierten en groseros detractores del presidente de la República.

De todos los complotados se podría esperar esa actitud, menos del vicepresidente, quien en abierto desafío confronta la autoridad y majestad del cargo, como diría su antecesor, quien desde el exterior pretende seguir manejando al país, convirtiendo al partido de gobierno en oposición.
Siga Presidente unificando y pacificando al país, con diálogo y concertación, sin ceder ni callar contra la corrupción.