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‘La puntilla de Santa Elena…’

Quienes opinamos semanalmente sobre el acontecer nacional somos presa de prisas incontrolables y de pausas insatisfechas. Me alineo desde hace mucho en los linderos de las prisas incontrolables que nos arrinconan e impelen a emitir juicios de valor.

Veo con estupor que el atolondramiento del Gobierno nos conduce, cada día con más fuerza, al imperio de un estado de inseguridad, zozobra, enfrentamiento, pesimismo o credulidad inducida o fingida. Con demasiada frecuencia voces altisonantes y gestos llenos de irrespeto y altanería intentan sofocar la búsqueda de soluciones urgentes. La lucidez, la transparencia y el respeto que nos debemos entre compatriotas se relegan, aduciendo, quizá, que son ingredientes de debilidad. ¿Cómo entender que el sano juicio nos gobierne cuando se intenta restar subvenciones a ciertas universidades, crear malestar en los cuarteles, desprestigiar el servicio de Solca a los enfermos de cáncer, amenazar con cerrar un colegio, endeudarse más y más para cubrir pagos diferidos, etcétera, después de casi una década de gobierno? Si todo esto debía evitarse o rectificarse, ¿por qué no se lo hizo oportunamente? Umberto Eco habló de la necesidad que tiene una revolución de crear un enemigo y ¡claro! que la RC lo creó y lo sigue alimentando porque muerto el enemigo se acabó la bronca. Quienes gobiernan el país deben enseñarnos a ser tolerantes, a buscar la verdad, a construir, jamás destruir.

Es hora de que alguien desde el Gobierno esboce una declaración valiente capaz de agrupar a todos los ecuatorianos, no importa si partidarios o no del actual modelo político; es indispensable que amen al país y estén convencidos de que primero es la Patria –o así debe ser–, luego nuestros intereses personales. El Estado ecuatoriano no es propiedad de un movimiento político para gobernarlo sin tomar en cuenta el horizonte de todos sus habitantes. Cuando un gobierno totalitario se derrumba, sacude los cimientos de la sociedad. La historia fue y sigue siendo la gran maestra de la vida, pero requiere de pupilos que aprendan sus lecciones.

Perdonen ‘una de cal y otra de arena’. Me regocijo con la provincia de Santa Elena. Se iniciaron ya los trabajos para el mejoramiento vial al interior de la puntilla de Santa Elena. El contrato contempla: ingreso a La Chocolatera desde la base del Ejército; ingreso por la FAE hasta el Morro; creación de ciclovías, adecentamiento de los aparcaderos existentes. El plazo para la entrega de la obra es de cuatro meses. Geinco Cía. Ltda., domiciliada en Pichincha, es la empresa constructora.

¡Cómo se ha batallado por esta obra desde esta columna! Incluso se creó una frase que hoy es un lema en la provincia: “La puntilla de Santa Elena es una joya que debe brillar”; alguien la cambió luego por “La provincia de Santa Elena es una joya que debe brillar”. El camino ha sido largo, tedioso, cansino. Celebremos la noticia. Esperemos su cumplimiento.

“El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que produzcan los errores”, Simón Bolívar. (O)