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Los dioses guancavilcas

El cerro Las Negras, en la actual provincia de Santa Elena, fue un centro ceremonial de comunidades guancavilcas donde se hallaron monolitos que hoy se exhiben en diversas comunas a lo largo de la ruta Buenos Aires, Sacachún, Sube y Baja, Julio Moreno, Juntas del Pacífico, Limoncito, hacienda Rapallo y la represa de Chongón; sirvan de ejemplos Cira y Cirilo, padres milenarios, están en Julio Moreno; San Biritute, en Sacachún; el Negro, en las Juntas del Pacífico. Llegar al cerro Las Negras no es fácil, se requiere de un guía; una parte del camino se hace en vehículo y otra parte, a pie.

La vecindad de La Milina, en el cantón Salinas, tiene una consigna: si no hay motivos para reunirse, hay que inventar pretextos. Para el largo feriado que acabamos ‘de disfrutar’ se mencionó que en las Juntas del Pacífico se celebraba el XXIV Festival de la Ciruela; el pretexto era válido para dirigirnos por la ruta antes señalada cruzando el bosque seco tropical. La carretera Buenos Aires-Las Juntas es una vergüenza: hasta Sacachún un asfaltado de pésima calidad y de allí a Las Juntas un lastrado firme pero lleno de piedras filudas que destrozan llantas. La Prefectura de Santa Elena ha olvidado esta zona y a sus moradores; es un trozo del Ecuador que no cambió. De Limoncito hasta la represa se trabaja en varios frentes para concluir la pavimentación de una vía bien trazada, con excelente material; este tramo pertenece a la provincia del Guayas, bien por su prefecto.

A quienes opten por visitar Las Juntas del Pacífico les sugiero hacerlo desde el kilómetro 30 de la vía Guayaquil-Salinas ingresando por el canal del trasvase. En pocos minutos estarán en un mundo mágico, ignoto, en parte cultivado y en parte agreste por falta de dos elementos básicos: personas que quieran invertir con cultivos nuevos y tradicionales y un Estado que facilite para que el trasvase cumpla con su cometido de origen: convertir al Litoral en el granero de América. Lo demás siempre será un embuste y una traición a la esperanza. No hablamos de una carretera de miles de kilómetros; son aproximadamente setenta kilómetros, añeja deuda del prefecto Cisneros. Las tierras de esta zona requieren de agua y una buena carretera para convertirse en un vergel; los ciruelos del festival de Las Juntas son unos exquisitos botones de muestra.

Sebastián es un apreciado contertulio. Cuando conversamos, él suele decirme: ‘Para ser bien entendido y mejor comprendido’, frase que me obliga a concentrarme y concretarme en el tema de conversación. El epílogo de estos renglones contiene un par de sugerencias o insinuaciones muy concretas.

Ecuador necesita con urgencia inaugurar la responsabilidad y separar la política de la alcahuetería. Necesitamos un presidente que impida que el agua de nuestros ríos se pierda en el mar sin haber irrigado nuestro publicitado granero. Ecuador nació para algo sublime, pero seguimos gateando. Un gobernante capaz de contemplar cada mañana, minuciosamente, cómo amaneció Ecuador jamás se perderá entre lisonjas o vituperios.

‘No puedes cambiar el pasado, pero puedes afectar lo que sucede en el presente y en el futuro’, Napoleón Hill. (O)