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Mal ejemplo el de Venezuela

Mal ejemplo el de Venezuela

En los países donde se aplica la democracia como forma de gobierno, el poder radica en las funciones del Estado. En un artículo anterior, manifesté que la representación del Estado la ejerce el presidente del gobierno que constituye el poder ejecutivo, y su accionar está limitado por los pesos y contrapesos de la democracia que nace de la división de poderes, esencia misma de la democracia que no solo se limita al derecho de elegir y ser elegido.

Hemos visto como en Venezuela, uno de los países que se auto denominan “progresistas” en América Latina, se produjo un golpe de Estado cuando una de las funciones, la judicial que también es manejada por el Ejecutivo, procede a la anulación de las competencias de la Asamblea Nacional Venezolana, las traspasa al Tribunal Supremo de Justicia y otorga poderes extraordinarios en materia penal, militar, económica, social, política y civil a su Ejecutivo, Nicolás Maduro.

Tan burda y escandalosa actuación fue motivo de reproche mundial, al punto que el mismo Nicolás Maduro que funge de presidente, tuvo que pedirle a su función judicial que revea sus sentencias, luego de una reunión con su Consejo de Defensa de la Revolución; y, como era de suponerse, se acató la “sugerencia” del presidente.

Esto suele ocurrir en los gobiernos totalitarios, donde el líder del partido oficial es el Presidente de la República, controla la Asamblea Legislativa, los juzgados y cortes judiciales, los tribunales o consejos electorales, y los organismos de participación ciudadana y control social que son utilizados por el ejecutivo, para designar a sus delegados como integrantes de las demás funciones del Estado y organismos de control.

Lo acontecido en Venezuela es un mal ejemplo para los países de la región y del orbe, muy fácil de ser imitado por los gobernantes donde la democracia es solo el membrete y el gobierno, es manejado en forma totalitaria por el poder ejecutivo, lo que en su esencia reúne las características de una dictadura con apariencia de democracia.

Esperamos que el Ecuador, no siga el mal ejemplo.

Guayaquil, sábado 08 de abril de 2017