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Más allá de River y Boca

Me propuse ver por televisión el desempate entre Boca y River. Era la anunciada final de la Copa Libertadores. El buen fútbol me encanta; por desgracia, en Ecuador, es difícil pescar un encuentro de calidad. Abrí el canal 610 a las catorce horas del sábado 24 de este mes. Los animadores, narradores, comentaristas, locutores o como se los llame estaban ya en el set, cómodamente sentados con sus micrófonos y auriculares debidamente instalados. Fue una experiencia nueva para mí: era como vivir la emoción de una controversia pacífica a seis voces, simultáneas en algunos momentos; era un set lleno de vida con gestos, con sonrisas, con caras perplejas alguna vez, airados en ocasiones. Empezaba una película de suspenso que me entretuvo por cerca de cuatro horas; este nuevo estilo de comunicación me atrapó. Con brocha gorda quiero dibujar algunos entornos de esa tarde en la que quisimos ver fútbol, se lo buscó en el estadio o en la pantalla y finalmente nunca llegó el ‘partido del siglo’.

1. Los jugadores de Boca Juniors mientras se dirigían al estadio fueron agredidos por presuntos fanáticos de River, rompieron los vidrios del autobús, penetró al transporte parte del gas pimienta lanzado por la policía para disuadir a los agresores. Algún jugador fue impactado por los vidrios y otros sufrieron los efectos del gas. El caos se volvió parte de una tarde que empezó maravillosa.

2. Comienza –para mí– en el set de la televisión, lo sorprendente y anecdótico. Los seis comentaristas narran lo sucedido y pronostican lo que luego pueda o deba venir. Este momento me regala algo bello, hermoso, único. Había visto muchas veces a dos personas hablar al mismo tiempo sin poder entenderse por la imposibilidad de escuchar el uno al otro. Ese sábado pude ver en ocasiones a dos, a cuatro, hasta a los seis comentaristas hablar al mismo tiempo y entenderse perfectamente. Aquello de ‘interrumpir al otro es mala educación’ allá no funciona; en ocasiones todos exponían sus argumentos, elevaban sus voces para ser oídos; lo curioso es que luego todos habían comprendido exactamente lo que se quiso decir.

3. La gesticulación merece un capítulo aparte. Recordaba Asís, Roma, Nápoles, Turín, Sicilia. Muchos argentinos llevan en sus venas una buena dosis de sangre italiana, pues bien, si a un italiano cuando habla le amarrasen las manos, creo que se quedaría medio mudo. Los gestos faciales, las manos, los dedos son para ellos de vital importancia el momento de comunicarse. Disfruté y mis respetos por la capacidad de comprensión del grupo formado por inteligentes comunicadores.

4. Dentro del estilo descrito estos seis caballeros lamentaron lo sucedido. Se dijo que era una vergüenza para el mundo, para Latinoamérica y para Argentina. Que la violencia era una enfermedad terminal, que faltó seguridad, que todo es cuestión de una mala educación de la gente, que no hay responsables porque todos son responsables de lo que pasa. El fútbol es juego, no es guerra. Días antes del partido se había difundido la consigna de ‘vida o muerte’. El fútbol fue sacrificado.

¡Sí, un día muy triste, una vergüenza! (O)