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Vivencias

Narrar vivencias no es difícil, amigas y amigos de EL UNIVERSO. No lo es porque están a flor de piel, porque no es necesario salir a buscarlas; se debe solamente abrir el cofre de recuerdos personales para encontrarlas allí, siempre frescas y sugestivas. En este primer miércoles del 2016, quiero darles a conocer ciertas vivencias que, a pesar de ser muy personales, son también, con sus debidas variantes, patrimonio de muchos hogares ecuatorianos.

Cuando escribo estas líneas estamos reunidos, en Quito, junto al pesebre, al árbol y a los regalos. Mi familia política está presente, en gajo, son inseparables. Antes de pasar a la mesa para servirnos la cena tradicional, mi esposa Rosalva cuenta haber leído que en alguna parte ‘vivía un padre de familia que había sido casi olvidado por sus hijos dispersos en el mundo. Este anciano tuvo la idea de invitarles para una reunión final, para una despedida, pues estaba sumamente enfermo. Él fijó una fecha para el encuentro. Frente a la dolorosa noticia, los hijos acudieron todos y muy puntuales a la cita paterna. El padre les contó algo de su vida y luego les llevó a una sala especial donde había preparado una cena familiar para degustar con ellos’. La lección fue clara. ¿Se debe visitar a los padres solamente cuando han muerto o están gravemente enfermos? ¿Dónde comienzan y terminan los linderos del afecto? ¿El afecto tiene linderos?

Rosalva y yo, al casarnos, establecimos un pacto no escrito. La Navidad la pasaríamos con su familia, en Quito, y el feriado de carnaval nos encontraría siempre en Cuenca. El pacto lo hemos observado con mutuas alegrías: de las familias que visitamos y de nosotros mismos. El 20 de enero estuvimos en Cuenca para vivir el Pase del ‘Niñito’, organizado por mi hermana Rosa, luego permanecimos tres días en Ambato también con la familia de mi mujer, para finalmente llegar a nuestra meta, Quito.

Mientras recorrimos la serranía, estuvimos en el Parque Nacional Cotopaxi, muy cerca de la laguna de Limpiopungo. Hermosa experiencia. No tuvimos un sol radiante, pero suficiente para admirar ese trocito de paraíso y para servirnos un café bien caliente con mote y chicharrones. Excelente. El parque está bien cuidado y la vía de ingreso es de primer orden.

Estas vivencias, amigas y amigos, tienen como motor a la familia, a su compañía, a su disfrute, a su presencia. Magdalena, esposa de mi cuñado Nelson, decía: Las tradiciones familiares se construyen día a día, no se las compra en paquete; los padres las transmiten a sus hijos, los hijos las aprenden y cuando mayores entregan la herencia a sus descendientes, y así se va formando una cadena de pertenencia, cadena que no es atadura sino vínculo de amor. Es urgente tejer una malla consistente de valores cívicos y morales que cobije nuestro país.

Las vivencias descritas, con rasgos personales, tienen como finalidad darles vida, situarlas en un espacio, con nombres y apellidos, para aumentar su credibilidad y ofrecer caminos de robustecimiento de la familia ecuatoriana.

“Cuando miras tu vida, las mayores felicidades son las felicidades familiares”, Joyce Brothers. (O)