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Editoriales Roberto Passailaigue

MESA DEL SISTEMA EDUCATIVO

MESA DEL SISTEMA EDUCATIVO

Ante resultados adversos como el de PISA, suele aparecer la tentación de buscar el
responsable único. Es un error serio. La educación es un sistema multisectorial complejo,
que se asemeja a una mesa, necesita cuatro patas o bases firmes. Cuando una falla, pierde
estabilidad; cuando fallan varias, colapsa.
Como cuestión previa, formulemos una de las grandes interrogantes filosóficas y políticas
sobre la educación: ¿debe la escuela adaptarse a la sociedad que existe o debe formar a
los ciudadanos que la sociedad necesita para transformarse?
Mi posición, desde una perspectiva pedagógica, histórica y de política educativa, es que la
educación no puede limitarse a reflejar pasivamente la sociedad; su función superior es
contribuir a transformarla, para construir un país productivo, culto e instruido, según los
planes y programas de desarrollo nacional y de educación, como políticas de Estado.
Con esta premisa, analicemos cuales son las cuatro bases del tablero educativo de un país.
La primera base o la pata de mesa, es el Estado. Su Gobierno, autoridades y las normas
legales tienen la responsabilidad de conducir una política educativa coherente, estable y
evaluable. La educación necesita continuidad más allá de los períodos gubernamentales.
El Estado debe fijar prioridades, garantizar recursos, formar y evaluar a los docentes,
medir resultados, sin adoctrinamiento ni politización del Sistema Educativo.
La segunda base o pata es la escuela y el colegio: directivos y docentes. Ninguna reforma
vive en un reglamento; se concreta en el aula. El maestro necesita formación,
actualización, acompañamiento y reconocimiento, pero también respeto, responsabilidad
profesional y evaluación. Hay que recuperar la autoridad disciplinaria y pedagógica,
entender que disciplina y aprendizaje no son conceptos enemigos. Leer debe significar
comprender, interpretar y argumentar; aprender Matemática debe significar razonar, no
memorizar procedimientos.
La tercera pata es la familia y el estudiante. La escuela no puede reemplazar al hogar. La
responsabilidad, la puntualidad, los hábitos de lectura, el cumplimiento de tareas y el
respeto por el estudio se forman también en casa. El estudiante tiene derechos, pero
también deberes: asistir, esforzarse, respetar las normas y aprender.
La cuarta pata es la sociedad y el entorno. La pobreza, la violencia, la inseguridad, la
desintegración familiar, la desigualdad territorial y el ambiente digital afectan las
condiciones para aprender. La educación no puede aislarse de la realidad social ni de las
condiciones concretas en que viven los estudiantes. Una sociedad que desprecia el
conocimiento y disciplina, termina pagando el precio.

Esta visión permite comprender mejor el caso ecuatoriano. El nivel socioeconómico
explica una parte importante de las diferencias de rendimiento, pero la equidad no
significa reducir exigencias, sino apoyar más a quienes enfrentan mayores obstáculos.
No hay que buscar un culpable. Hay que fortalecer y reformular las cuatro bases o patas
de la mesa educativa. Si Estado, escuela, familia y sociedad asumen su parte, el sistema
puede recuperar el equilibrio.

Guayaquil, jueves 1 de octubre de 2026